miércoles, 30 de abril de 2014

CAPÍTULO XXIV

XXIV 





    Juan era el repartidor de Barcelona, aunque era unos cuantos años mayor que yo, también fumaba canutos y escuchaba Rock Duro. Seguramente esas fueron dos de las principales razones para que nuestra relación, fuera más que  la de compañeros de trabajo. Además vivía en el Fondo, barrio de Santa Coloma, muy cerca de mi casa. Algunas veces me pasaba por el bar donde siempre estaba metido ;alrededor de una mesa, unos cuantos tipos, con pinta de pertenecer a la Mafia calabresa, entre  los que se encontraba Juan. Unos whiskys, un montón de billetes , un cenicero lleno de colillas humeantes, y una baraja de Póker, era el paisaje típico que se  veía normalmente allí.


  Para los que trabajan los días de diario, y sólo libran los fines de semana , las peluquerías están abiertas también los sábados, por lo que los lunes tienen cerrado, lo que hacía que Juan y yo, nos quedáramos en el almacén, ayudando a Divina. Logicamente en la fábrica lo sabían, y aprovechaban para enviar el camióm con los productos que eran necesarios para preparar los pedidos que traían los comerciales. Por cierto, uno de aquellos días, aprovechamos para ir a ver furgonetas a un concesionario, la que tenían para el reparto de los pueblos, estaba un poco vieja; la elegida fue una Mercedes Benz 1000.


   Estuve bastantes lunes comiendo con Conchi , su trabajo estaba relativamente cerca del mío, pero algún tiempo después Vero entró a trabajar en una peluquería de Barcelona, y evidentemente, también algunos días comía con ella. Pero por esas casualidades de la vida, que tanto han marcado la mía , quien estaba realmente cerca, ya que vivía en Ronda Guinardó, era Noemi, con la que salí varias noches. 


      Cada tarde cuando llegaba de repartir, subía a las oficinas para pasar cuentas, y de paso saludar a las chicas, es cierto que con Silvia era diferente,
los dos nos sentíamos mutuamente atraídos, y teníamos una complicidad especial , pero ello no impedía mi más que buen rollo con las demás. Pero no fue con ellas con quien fui a la Feria de la cerveza, evidentemente fue con Silvia. Cuando acabábamos de trabajar, me metía en el bar de enfrente a tomarme una birra, pasó ella, y sin decirle nada a Juan, le propuse que fuéramos a la Feria de la cerveza. Mi compañero de curro no se molestó, ya sabía el más que buen rollo que había entre nosotros, esto tampoco era un secreto para Divina. En la primera cena de empresa a la que fui, dejé el coche aparcado en San Adrián , y fui con Juan . Divina no tenía coche, y Silvia fue a buscarla. Al finalizar todo, ésta  propició un cambio de papeles, haciendo que Juan acompañara a Divina, y ella vino conmigo. En otra llevé a varios representantes al Satanasa, garito gay que en esos momentos era uno de los más concurridos de Barcelona. Uno de los que vino fue Luna, comercial del Maresme, y con el que mejor me llevaba, no obstante los dos compartíamos una característica; éramos los  golferas de Eva, bueno él un poco más, ya que era algo mayor que yo. También gracias auna de aquellas cenas, conocí a las chicas que trabajaban en la fábrica de Manresa. En el restaurante se hizo más que evidente, el buen rollo que se había creado entre ellas y yo. Al acabar la cena , se vinieron conmigo a un bar musical de Pueblo Nuevo, el Merlín. Con una de ellas hice más amistad que con las demás … 
Precisamente allí fue, donde algún tiempo después , Francina dejó entrever su sorprendente atracción por mí; nunca olvidaré lo que dijo al verme
- " és quelcom meravellós"  - .


   Francina vivía en la portería de al lado del bar, que estaba justo enfrente de las oficinas, donde pasaba cuentas cada tarde. Éstas tenían unos grandes ventanales, por los que algunas veces, veía a una preciosísima chica  algo pija, pero con algunos tintes hippies, de acuerdo con el barrio donde vivía. 


   Cuando salíamos del curro, Juan y yo nos tomábamos unas birras en susodicho bar. Un día pasó Francina dirección a su casa, fuera del bar habíamos unos cuantos tomando algo, justo cuando pasaba por delante, antes que ninguno soltara algo 
- no se os ocurra decir nada, es una señorita –le dediqué una bonita sonrisa, mientras le guiñaba el ojo con un claro signo de complicidad. Cuando nos encontramos en el Merlín, me confesó que aquello cambió por completo su percepción de mí. No le culpo, mi pinta y forma de hablar eran más bien de un tipo algo bacilón y prepotente, pero no era así,  bueno… Tal vez un poco. A partir de aquel día empezamos una bonita pero incompleta relación. Muy a mi pesar no podíamos tener nada demasiado serio, ya que por primera vez en mi vida, tenía novia formal, y lo cierto es que nos iba muy bien. Pero Francina me gustaba muchísimo, y elegí el bar de enfrente de Eva, para ir a comer los lunes, y de paso acompañarla al instituto. Esperábamos a salir del barrio propiamente dicho, para ir cogidos de la mano cual pareja de novios normal. Empezamos a quedar también alguna tarde,  Pero cometimos un gran fallo, nuestros sentimientos cada vez eran más fuertes, y corríamos el riesgo de enamorarnos . La situación era harto complicada, pues sinceramente creo que , aunque lo obviábamos, ya estábamos enamorados. Pero entonces Manel , jefe de Eva Española, sin  proponérselo, consiguió que Francina y yo nos viéramos mucho menos .                  

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