miércoles, 30 de abril de 2014

PRÓLOGO & CAPÍTULO l


PASANDO PÁGINA




    "Ya, de pequeño, 
   apuntaba maneras..."



 Prólogo


Desperteme muy aturdido y confuso en la cama de lo que parecía ser un hospital. A la izquierda de la habitación había una ventana por donde entraba la luz del día.Pero me percaté que mi vista no alcanzaba a ver toda la claridad que se le supone a una soleada mañana. Un poco asustado intenté levantarme de la cama, pero los músculos no me respondieron. Ahora sí que estaba realmente aterrorizado. El  último recurso viable que me restaba, era llamar a gritos a alguien, con el fin de enterarme que mierda me había pasado. Pero al intentarlo me vi sorprendido con la imposibilidad de extraer algún sonido a mi garganta. Estos síntomas se debían a un fortísimo traumatismo craneoencefálico que había sufrido.   
      
 

   Para saber lo que realmente había sucedido, hemos de retroceder cinco meses en el tiempo, los mismos que permanecí en coma.   
         
    Barbi y yo nos disponíamos a “quemar” la noche barcelonesa, íbamos a celebrar su vigésimo-quinto aniversario; también venía Silvia, en aquellos momentos, novia de él. Recuerdo que las primeras vacaciones que Vero y yo hicimos juntos, nos los encontramos  en L’Estartit. Continuemos con la historia inicial. Ya de por sí cuesta muchísimo encontrar aparcamiento en Barcelona, además hay que añadir una circunstancia más; era de noche y la gente había tenido tiempo más que suficiente, para encontrar un lugar donde poder estacionar. Cómo un muy buen profesional de salidas nocturnas , encontré un sistema para evitar la desesperante situación de dar mil y una vueltas buscando donde aparcar. Cuando ya estás más que harto de no encontrar ni tan solo un huequecillo dónde dejar descansar el coche, e incluso te estás arrepintiendo de haber salido, de repente ves un sitio libre. 



Y empiezas a tararear una inventada oración, para agradecerle al "Todopoderoso, la oportunidad que te está brindando, con la milagrosa y divina aparición de un  aparcamiento, y de golpe ¡zas ! un  jodido vado permanente.
   El  sistema que utilizaba para evitar todo esto, consistía en dejar el coche  en el primer hueco que encontraba. No importaba lo recóndito que fuera el lugar, está claro que buscar  un sitio donde poder dejar el coche, te puede llevar a lugares muy estrambóticos. Una  vez  bien aparcado, nos dedicábamos a inspeccionar el lugar, en busca de algún sitio donde poder mostrar nuestro “ savoir faire “con cualquier tipo de persona en cualesquiera situación, ya  fuese en un local de lo más retro frecuentado por gente de lo más “in”, cómo en el antro más peligroso de los alrededores , lleno de gente con un aspecto de lo más conflictivo.
   Esas eran las muy buenas ventajas que reportaba mi  personal forma de plantear las muchas salidas nocturnas que nuestros cuerpos y nuestras mentes nos suplicaban que hiciéramos.


“Mente sana in corpore sano”.  A la emoción de conocer nuevos lugares a donde poder ir a tomar una copa por la noche, se añadía la despreocupación total por el hecho que la maldita grúa te robara el coche. He de reconocer que utilizaba el impacto visual que producía Barbi; un chico rubio con la melena hasta el culo y realmente guapo, era un magnífico reclamo para todo tipo de chicas.  
Yo en cambio no era, ni mucho menos, tan guapo, pero  tenía un atractivo especial, con un puntito canalla. Y no hay que olvidar mi mejor arma: una increíble verborrea, mostrando un muy  especial sentido del humor y dejando entrever que era un tipo bastante inteligente, pero sin caer en la prepotencia. Muy rara era la noche que no acabábamos con una chica.  Lo realmente extraño es que nunca hemos coincidido con ninguna. Bueno exceptuando aquella vez, en mi casa, que decidimos hacer un cambio de parejas. No, no voy a decir quienes eran. Aunque no lo parezca, soy un caballero, un poco canalla pero al fin y al cabo,un caballero. Retornemos  de nuevo a la fatídica noche .  Estaba dispuesto a ponerle un broche final. Ni el más retorcido de los guionistas, hubiera escrito un final tan trágico cómo lo que sucedió. ¡Vale, de acuerdo ¡ a un buen guionista sí. Por ejemplo a mí . 
Y el final hubiera sido aún más trágico si cabe.  Volvamos a la historia. A altas horas de la noche, ya metidos de lleno en la madrugada, llevé a Barbi y a Silvia a casa de él. Entonces fui a ver a una amiga, que en aquellos momentos estaba a punto de salir del bar musical donde trabajaba en el Pueblo Español (Las Torres de Ávila). Bueno, en realidad era MªJosé, exnovia de Barbi. Y es que entre ella y yo había una muy fuerte  tensión sexual no resuelta . Disponía de muy poco tiempo, pues tenía que ir a cargar a la empresa donde trabajaba, que estaba en Manresa; era repartidor de productos de peluquería en las cuatro provincias catalanas. Nos abrazamos fuerte, muy fuerte, demasiado fuerte, tratándose de dos simples amigos.   
   
Le  di un beso; seguidamente  me fui medio corriendo hacia la furgoneta; esa fue la última vez que corrí, era un 30 de Abril de 1997, un par de horas después caía a la Riera de Rubí (20 metros) Lo más irónico del asunto es que el nueve y el siete eran, y siguen siendo, mis números favoritos, a  pesar que 1997 no ha sido  precisamente el  mejor año de mi vida.

  Cómo decía  Cholo al final de “Gusano de Luz”, mítico tema de Jotansuit,“hay que joderse”.



CAPÍTULO I 


I                                                                                         
      -Un Pássport con dos hielos, uno chupado por ti - de esta forma solía pedir el whisky; lo realmente  divertido- era cuando se lo decía a una camarera, que no conocía de nada. En aquel caso no era así, se trataba de Sonia, novia de Sergio, y hermana de Nena y Lola, que estaba detrás de la barra de la Pecera, poco tiempo después llamado Marítim, donde trabajaban cómo camareros los hermanos de Sergio, Charli y Jordi; los tres habían empezado con un pequeño bar, el Avedrink. Aunque donde solíamos ir normalmente era al” Háddock “.
Se trataba de  un garito que había montado Josu, un navarro de Cascante; había venido a Cataluña a buscarse la vida. Primeramente fue a Roda de Bará. Allí conoció a  dos hijos de Luis del Olmo, los gemelos, que por cierto guardaban un gran parecido con Míchel, el jugador de fútbol  del Real Madrid . Muchas noches pasaban por el Háddocky cuando Josu cerraba se quedaban dentro junto conmigo, Marco, Cholo, Barbi, para continuar  la marcha.
 Una de aquellas noches nos invitaron a una fiesta que hacía uno de los hermanos en un ático dúplex que tenía en Barcelona. ¡Brutal! Allí había absolutamente de todo… y yo estaba muy a gusto ,  especialmente hablador, por lo que empecé a contar.                      



  La historia de cómo me convertí en un actor, por cierto bastante bueno. Dentro de mí habitaba un gran actor.  

Sólo necesitaba un empujón, y éste me lo dio Ramón. Un día nos comentó a Pilou y a mí, que su novia, Rosa  conocía a unas monjas, que regentaban una residencia de señoritas, o sea una escuela para chicas que querían hacerse monjas (novicias ) . Estaban muy faltadas de amor. Y yo estaba dispuesto a ayudarlas dándoles un poco del que a mí me sobraba. 
   Bien, en dicha residencia, querían hacer una obra de teatro. Lógicamente les hacían falta chicos, que se encargaran de protagonizar los papeles masculinos. Aceptamos encantados la proposición. Lo que en un principio iba a ser un pequeño papel, después de una prueba que nos hizo un muy amanerado director de teatro, se convirtió en uno de los principales. Los días que íbamos a ensayar eran de lo más divertidos. En esa época Pilou tenía una Vespa con radio-casette. El teatro estaba en Barcelona y nosotros en Sant Adriá de Besós. Pilou y yo íbamos hasta allí en su moto. Nunca podré olvidar aquellos brutales viajecitos. Íbamos escuchando Rock a un volumen bastante considerable y bebiendo whisky. Por cierto, un día casi nos comemos un autobús: ¿Quién mandaría pasar a dos tías que estaban buenísimas, en el mismo momento que nos apareció delante un bus, surgido de la nada? Tuvimos suerte que Pilou tenía muy buenos reflejos y a la cara de asustadas que pusieron las dos chicas. Yo no me di cuenta hasta que Pilou me dijo: -¡agárrate!-  Debo entonar “el mea culpa “, puesto que fui  quien apretó la cintura de Pilou para que mirase a un par de tías buenas. Reconozco que se trataba de dos clásicas garrulillas: Pelo super-teñido de negro-azulado, mini-minifalda, unas botas de piel vuelta que llegaban hasta medio muslo, y una camiseta de lycra muy ceñida que dejaba adivinar unos incipientes pezones. En aquel momento, en mi cuerpo había  una gran fiesta de multitud de feromonas.
   Para hacer la obra de teatro, también había chicas que no estaban relacionadas con la Residencia.   Mari era una de ellas. No era especialmente guapa , pero poseía dos características, que hacían que yo la viera muy atractiva. Poseía unos pechos impresionantes y tenía novio. Estas dos cosas, hicieron que pusiera en funcionamiento mi mítica mirada asesina. Fue Ucles quien le puso este nombre, ya que me había visto muchas veces actuando. Él sí que es un personaje mítico. 
     Cuando íbamos a ensayar, Mari y yo nos metíamos en uno de los muchos departamentos que allí había, con el fin de dar rienda suelta, a nuestros más bajos instintos. Cierto día nos  pilló una monja, menos mal que era Sor Eugenia e hizo cómo si no hubiera visto nada; tenía un especial afecto por mí. Supongo que me veía cómo el hijo que no podría tener.
Siempre estaba excusándome ante sus compañeras, y es que yo era un poco...
Cada vez  que la veía le daba un abrazo y un par de besos. Me gustaba mucho ver la cara que ponía la gente, al ver que un greñas hacía esto con una monja; por cierto, todavía hoy no sé cómo se enteró que estaba en el Asepeyo. Las enfermeras de mi planta, fliparon al comprobar que a quien venía a ver era a Jaime; El director de teatro nos avisó que necesitaríamos a alguien que leyera bien y claro para hacer de apuntador. Rosa, la novia de Ramón, trajo a una prima suya,  Merche, para desempeñar este papel. Era muy, muy parecida a la excelente actriz catalana, Silvia Munt. Por aquella época, yo estaba enamorado  de ella y Ramón, cómo buen amigo que era, propició una cita de los cuatro. Al final de la noche, fuimos a parar a una discoteca homosexual, el EA 3, que estaba en uno de los callejones que van a dar a la Plaza Real. Cuando hacía ya un rato que estábamos allí, puse en marcha uno de mis viejos trucos. Me acerqué a la oreja de Merche y le susurré al oído    
-Me besas tú o lo hace el machote de mi izquierda, dicen que beso bonito –ya no paramos hasta que nos marchamos. Los cuatro nos fuimos a casa de Merche, pues vivía sola.
  En la obra de teatro, también estaba Bea, una preciosísima chica muy tímida. Me gustaba, bueno, le gustaba a todo el mundo. Y ella sentía una fuerte atracción por un chico, que era todo lo contrario a ella, o sea yo.
  El estreno de nuestra primera obra , “Melocotón en Almíbar”, fue todo un éxito. Y para celebrarlo fuimos aquella misma noche, a una discoteca . Por una banda, yo, por otra Mari, por otra Merche, y por otra Bea.
   Ramón no paraba de reírse, pues ya estaba acostumbrado a ver complicadas situaciones, en las que yo tenía la manía de meterme. Deseaba ver, cómo esta vez, salía de aquella situación. La verdad es que no lo tenía nada fácil. Al notar que todas ellas me miraban decidí emigrar hacia la barra en busca de un whisky. Es lo que hacía cuando me encontraba en una situación desesperada. Allí conocí a una chica, algo ligerilla de cascos. Total que acabé con ella, en el  lavabo de señoras.  Saliendo de allí me tropecé con Ramón, que debido a mi tardanza, vino a buscarme:                                                                                    -toda la gente está preguntando por ti, sobretodo las tres Marías, menos mal que no se les ha ocurrido venir aquí a buscarte. ¿A ver que se te ocurre?  
-diles que estoy vomitando y que no quiero que me vean en tan lamentable estado y te he pedido que me lleves a mi casa.
  - Ramón, Pilou y yo nos habíamos conocido en el Instituto. Primero conocí a Pilou , era el clásico 
tío que conoce a todo el mundo .Igual te presentaba al tío más mafioso de San Adrián y al día
siguiente lo veías hablando con un venerable anciano. Además siempre llevaba costo encima 
Precisamente fue él quien me presentó a Ramón.



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