miércoles, 30 de abril de 2014

CAPÍTULO VI


   VI
                            
Quique y yo salimos del bar cogidos por la cintura ¡Vale, de acuerdo! un poco notas sí que  éramos. Cuando ya estábamos afuera pasó un grupito de chicas.

No pude  evitar que mis ojos fueran tras ellas: 
 - mi  corazón pertenece a Íngrid, también es de ella mi alma, pero la vista no
 -ya  entiendo … Anda vamos para el coche  
- es que están buenísimas -dije al tiempo que giraba mi cuerpo 180  grados con el fin de poder pegar  una repasada final  a las muchas chicas que allí se quedaban sin un hombro amigo en el que apoyar sus lindas cabezas. Subimos al Renault 5 negro que me había dejado Paty,  ya que se había ido con Marta a Canarias a ver a su hermano. Ya el primer día me cargué el respaldo del asiento del conductor. Puse un gato apoyado con el asiento trasero. Así fui durante todo el Verano. Saqué la cinta que había puesta en el cassette, era de Y & T, cuando le devolví el coche, hábilmente me olvidé de sacarla. Empecé a buscar una cinta al tiempo que tarareaba el tema que quería poner
ahora voy a poner  la canción  que explica lo que estoy sintiendo                       
-pues no se me ocurre ninguna que hable del endurecimiento del miembro viril -después de una pequeña  búsqueda la encontré.         

Can Verdaguer estaba a unos 5 kilómetros de donde nos encontrábamos; era una carretera comarcal llena de árboles por los dos lados. Por fin di con el tema “Lo que me gusta de ti”, de La Trampa.



 Nadie entendía cómo es que aquel grupo me gustaba tanto. El cantante, Pablo Perea, es” el David Coverdale español”; éste, el vocal de Whitesnake, es mi cantante preferido. 
Más adelante a la derecha había un camino de tierra por el que teníamos que girar. Allí  empezaba “Can Verdaguer”, una urbanización muy virgen, que incluso, tenía un río, el Mediona; esa era la razón por la que los dos pueblos que la limitaban ,tenían cómo nombre, Sant Quintí y Sant Joan de Mediona.      
   Precisamente a la izquierda se podía ver un estrecho camino que se dirigía hacia Sant Quintí . Me encendí un cigarro, le di una larga calada y después de tirar el humo. 
    Y entonces tú viniste a mí con tu aire “arrollateur” cual caballo galopa veloz por los verdes prados del amor puro que nos profesamos. . .
- Este tema lo estaba componiendo con mi prima Neus. Entre nosotros existía una complicidad bestial . Hasta el punto de crear la balada más ñoña de la historia del Rock .


Después   de recorrer un largo  trecho por una carretera de tierra, a la izquierda había una entrada que iba a Monterrei Parc, una pequeña urbanización, y a la derecha venía una gran subida que daba al comienzo de “Can Verdaguer”, eso sí ,se trataba de una carretera asfaltada. Más o menos a  mitad del camino,  a la derecha había un pequeño establo con unos pocos caballos, más adelante a la izquierda se podían ver unas viñas; éstas y el establo eran propiedad de Freixenet. Casi al final de la cuesta,  a la izquierda había un atajo que iba a dar a una gran y antigua masía, y arriba del todo, en una gran recta empezaba la urbanización. Enclavada en  medio  de una  majestuosa y agreste  naturaleza, que años después se vio truncada por un devastador incendio. el  recuerdo de una de las urbanizaciones más bonitas  que me he tirado a la cara, siempre perdurará en mi mente y  en mi corazón . 



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