XXII
Había decidido cobrar todo el tiempo que me correspondiese de paro, y vaya si lo hice, pero llegó el triste momento de la finalización el periodo de la prestación de desempleo.
Me encontraba en una mesa del Anastasi tomándome una birra, echándole un vistazo al periódico. Nunca había mirado la sección “la bolsa de trabajo”, pero esta vez sí lo hice, debía estar muy aburrido, pues nunca confié en la posibilidad de encontrar curro de esta forma. Y es que una de aquellas demandas de trabajo , llamó poderosamente mi atención: ”se necesita repartidor para una importante empresa de productos de peluquería”; estaba más que claro, que una intervención divina había propiciado que yo , que nunca leía esa sección, aquella vez sí la mirara, y así se lo hice saber, en una larga carta, que junto con mi currículum, mandé al remite de aquella demanda laboral, y que empezaba con un muy literario; “Oh Dios mío”
Me encontraba en una mesa del Anastasi tomándome una birra, echándole un vistazo al periódico. Nunca había mirado la sección “la bolsa de trabajo”, pero esta vez sí lo hice, debía estar muy aburrido, pues nunca confié en la posibilidad de encontrar curro de esta forma. Y es que una de aquellas demandas de trabajo , llamó poderosamente mi atención: ”se necesita repartidor para una importante empresa de productos de peluquería”; estaba más que claro, que una intervención divina había propiciado que yo , que nunca leía esa sección, aquella vez sí la mirara, y así se lo hice saber, en una larga carta, que junto con mi currículum, mandé al remite de aquella demanda laboral, y que empezaba con un muy literario; “Oh Dios mío”
Llamé a Conchi, mi primera novieta del instituto , para preguntarle si me podía acompañar a la entrevista de trabajo. Y es que seguíamos manteniendo una bonita y muy especial amistad , desde los tiempos del Eugeni d’Ors. Hacía pocos días habíamos quedado en su trabajo, para luego ir a tomar algo a un bar musical. En la partte de arriba tenían un billar privado, y cómo Conchi era amiga del dueño, subimos a jugar una partida y a meternos unas rayas de coca, a las que nos había invitado su amigo. Irremisiblemente acabamos cómo siempre , besándonos furiosamente.
- mejor que no me esperes, no sé cuanto tardaré
- cómo tú quieras -me dio un beso en los labios y se fue. Había bastante gente, la mayoría muy bien vestiditos. Fui de los últimos en acabar , pero a diferencia de los demás, una chica cogió mi prueba, me dijo que todavía no me fuera , y la llevó a una oficina. Ya se habían largado todos, salió de nuevo y me preguntó que si quería hacer la entrevista aquel mismo día, o prefería venir cuando me llamaran por teléfono
- no tengo nada mejor que hacer, esperaré aquí
-no lo digas, pero ha influido mucho tu currículum, y más la manera de escribirlo; Yo ya tengo que irme, ¡suerte!
Era virgen en aquellas lides por lo que estaba un poco nervioso, seguramente debido al subidón de adrenalina, que me producía haber barrido a los demás, según la simpática secretaria . Al poco rato salió una chica, y me hizo pasar a la oficina. Más que laboral, lo que hice, fue una entrevista personal. Evidentemente querían saber cómo era la persona que iban a recomendar, a la empresa que había contratado sus servicios. Por fin me dijeron el nombre y la localizació. No estaba demasiado lejos de allí; en Joanic, muy cerca de uno de los barrios más conocidos de Barcelona: Gracia. Más concretamente en las calles Sant Lluis con Alegre de Dalt. Las oficinas estaban en la primera, y en esta última, había una tienda que comunicaba con un gran almacén.

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