III
1º F era la clase que me había tocado en mi primer año de bachillerato, en el Eugeni D’Ors de Badalona . Yo había hecho la E.G.B. en un colegio de La Verneda, el San Rafael a la separación de mis padres, nos habíamos ido a vivir a Badalona.
Por consiguiente, no iba a encontrarme a nadie conocido, pues fuera de clase continuaba yendo con mis amigos de siempre. Además medio-salía con una de mi escuela. Fue la primera chica a la que besé, Ana Esther; no es por ir de algo, pero era la más bonita del colegio.
Por consiguiente, no iba a encontrarme a nadie conocido, pues fuera de clase continuaba yendo con mis amigos de siempre. Además medio-salía con una de mi escuela. Fue la primera chica a la que besé, Ana Esther; no es por ir de algo, pero era la más bonita del colegio.
Me eligió a mí de entre un montón de chicos que la agobiaban. Un amigo, Eduardo, me contó que le había pedido de salir, y ella le dijo: -sal tú solo, a lo mejor encuentras a alguien - urdimos un plan, para que aquella humillación no quedara impune. Yo le tenía que pedir de salir, y después decirle que se lo había dicho por una apuesta. A la hora del patio fui hacia ella, cuando me vio
acercarme, sonrió.
¡Dios mío! no me había fijado que fuera tan linda. Me dio la sensación que ella ya sabía lo que le iba a decir. Al principio estuvimos hablando de un montón de cosas, pues aunque llevábamos muchos años yendo al mismo colegio, no habíamos tenido mucha relación. Ana era bonita, formal y sacaba muy buenas notas. Yo lo único que tenía en común con ella ,era cuando a final de curso nos felicitaban, aparte de los demás, por nuestras buenas calificaciones. Estuve hablando ,y riendo cómo no lo había hecho nunca. Sin darme cuenta había pasado toda la media hora del recreo, y todavía no le había dicho nada. Cuando ya íbamos para la aula, la cogí de las manos y mirando sus bonitos ojos castaños, le pedí de salir.
Mi hermana Regina también estaba estudiando en el San Rafael, dos cursos por encima de mí. Junto con ella, en la misma clase, estaba Pedro, primo de Ana , y Pilar, que tenía una hermana que iba a la misma clase que yo. Carmen; se trataba de una chica más bien tímida, seguramente porque no era de las que iban al colegio desde pequeña. Era la mejor amiga de Flor, de hecho compartían el pupitre .
acercarme, sonrió.
¡Dios mío! no me había fijado que fuera tan linda. Me dio la sensación que ella ya sabía lo que le iba a decir. Al principio estuvimos hablando de un montón de cosas, pues aunque llevábamos muchos años yendo al mismo colegio, no habíamos tenido mucha relación. Ana era bonita, formal y sacaba muy buenas notas. Yo lo único que tenía en común con ella ,era cuando a final de curso nos felicitaban, aparte de los demás, por nuestras buenas calificaciones. Estuve hablando ,y riendo cómo no lo había hecho nunca. Sin darme cuenta había pasado toda la media hora del recreo, y todavía no le había dicho nada. Cuando ya íbamos para la aula, la cogí de las manos y mirando sus bonitos ojos castaños, le pedí de salir.
Mi hermana Regina también estaba estudiando en el San Rafael, dos cursos por encima de mí. Junto con ella, en la misma clase, estaba Pedro, primo de Ana , y Pilar, que tenía una hermana que iba a la misma clase que yo. Carmen; se trataba de una chica más bien tímida, seguramente porque no era de las que iban al colegio desde pequeña. Era la mejor amiga de Flor, de hecho compartían el pupitre .
Ésta me chivó que yo le gustaba mucho. A mí también me atraía y se lo hice saber, pero sin decirle que ya estaba enterado de lo que sentía. Era una apuesta ganadora. Precisamente la primera campana de mi vida estudiantil, la hice con Carmen . Por el mediodía , antes de entrar a la escuela, unos cuantos íbamos a fumar un cigarrillo a un parque que llamábamos “los cien metros valla”. Una vezCarmen y yo no nos fuimos con los demás al colegio, y estuvimos hasta las seis de la tarde, que era cuando salíamos de la escuela, juntos los dos solos.Pero más allá de los muchos buenos momentos vividos en el San Rafael, me quedo con el bonito recuerdo que guardo de la sensación producida por el primer beso que le di a una chica; Ana.
La casualidad quiso que nos volviéramos a ver una última vez. Mi calle se llamaba Víctor Balaguer, pero la continuación tenía otro nombre; Juan Valera, y allí vivía una prima de Ana. El beso que también recordaré siempre, es el primero que le di a Verónica. Hacía poco tiempo que lo había dejado con Cris, y ésta no lo acababa de digerir. En el Cambio Radical , siempre que podía me sentaba al lado de Vero, pero Cristina a la mínima ocasión, me quitaba el sitio, o lo hacía con Verónica. Yo le pegaba grandes broncas, pero al ser muy amigas, la situación era un poco violenta.
A solas le propuse que los próximos días podíamos quedar en el Beethoven, un bar que estaba en la calle de al lado, yo la esperaba adentro, y ella un poco más tarde venía en moto.
Nadie apostaba por aquella relación, ni mis amigos, ni, por supuesto los de ella. No los culpo, me tenía bien ganada la fama de picaflor, pero, ¡mira tú por dónde!, se equivocaron absolutamente todos.
Ya llevábamos algún tiempo viéndonos a solas, y cada día me sentía más atraído por ella. Un día cuando nos íbamos a despedir, en vez de darnos los dos acostumbrados besos, cogí su linda cara y le di un beso en los labios. Cuando ella ya se había ido en su moto, empecé a correr hacia el Cambio, y en la puerta me encontré a Carlos y Sandra. Al verme
llegar así me miraron con asombro


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