miércoles, 30 de abril de 2014

CAPÍTULO XXVI

XXVI 



   Desde que conocí la asignatura de Filosofía, en la época del instituto, no paré de filosofar sobre todo . La mayoría de las veces eran grandes tonterías, aunque quizás no eran cosas tan banales, mi percepción sobre lo que realmente importa, es un poco especial. Y cómo punto final, voy a    marcarme una filosofada.  


   Indefectiblemente,  llega un momento que pasamos un tercio del día en el trabajo. Al cabo del tiempo, eso representa, una importante parte de nuestra vida, por ello es de vital importancia  , que algo que hacemos a diario, nos sea cómo mínimo entretenido, y si además realmente nos gusta, influirá de una importante manera en nuestro estado de ánimo, haciéndonos sentir bien con nosotros mismos. Es una premisa por la que siempre me he guiado en diferentes aspectos de mi vida. De hecho eso me ayudó a conseguir el puesto de único repartidor para Eva Española, en detrimento de Juan, que llevaba en la empresa muchos años. Y es que le faltaba pasión, cosa que a mí me sobraba . No tenía que estar metido cada día en el mismo sitio , con las mismas personas, haciendo siempre lo mismo, almorzando en el mismo bar, y …Siempre había detestado “los mismos”. Repartiendo me libraba de todo eso; nadie me controlaba, podía pararme cuando y donde quisiera (en Cataluña hay cantidad de parajes y pueblos realmente bonitos ), escuchando música todo el tiempo, que es una de mis debilidades.


   En las peluquerías, además de la jefa, solían haber una o dos ayudantes, que normalmente eran chicas jovencitas. La clientela estaba formada por un amplio abanico de féminas, que iba desde chicas 
de 15 años, hasta maduritas de 50. 


  No voy a negar que en mi día a día existía algo de desmadre, pero siempre una vez acabado el reparto.  Era muy consciente que sólo estaba yo cómo repartidor, y no podía faltar por tonterías, de hecho no recuerdo haber cogido nunca la baja. Y es que , con las peluqueras mantenía una relación, que iba más allá de lo estrictamente laboral, ya que con la mayoría había muy buen rollo de por medio. Sabía que algunas compraban, no debido a la insistencia de los comerciales, si no porque realmente lo necesitaban para trabajar aquella semana. Por otra parte me apetecía demostrar que Manel no se había equivocado apostando por mí, a sabiendas que era un chico algo desmadrado. Creo saber, aunque no lo pienso contar, el motivo por el que fui elegido en detrimento de Juan, a pesar de los muchos años que éste llevaba en Eva.


  Y llegó el 29 de Abril de 1997, el día que Barbi cumplía 25 años, por supuesto quedamos por la noche, para celebrarlo. No pudo escaquearse de Silvia,  no me caía demasiado bien, por lo que tuvimos que salir de marcha los tres, muy a mi pesar. Aún así la celebración se alargó algo más allá de las 5 de la mañana, que fue cuando los llevé a casa. Era un poco pronto para ir al trabajo, y demasiado tarde para acostarme, así que decidí pasarne por las Torres de Ávila, donde trabajaba cómo camarera-tía buena, María José. Cuando cerraron me fui hacia Manresa, donde tenía que cargar. Pero no llegué a mi destino. Me desperté 5 meses después en el Asepeyo. Los médicos dijeron que iba a quedar semi-vegetal, toda la vida postrado en una cama. Mis ganas de vivir me proporcionaron la fuerza suficiente para dejar en entredicho los pronósticos médicos, y pasar página; pero eso ya es otra historia …   



       





  

CAPÍTULO XXV

XXV 





   Cuando más bonita estaba la relación que manteníamos Francina y yo, e incluso barajaba la drástica posibilidad de dejar a mi novia, y empezar una arriesgada e incierta aventura amorosa con ella, en Eva Española estaba a a punto de desencadenarse un hecho que cambió, en cierto modo, mi vida laboral, y por ende también trastocó mi vida personal. 


   Nos informaron que en Barcelona sólo se quedarían los de las oficinas. 

Las maduritas del almacén Divina, Magda y uno de los repartidores, se trasladarían a la fábrica de Manresa, con lo cual el transportista elegido, tendría que encargarse de todo el reparto. A pesar que Juan llevaba muchos años en Eva, y alguna vez había hecho el reparto de la provincia de Barcelona Gerona y Tarragona, sorprendentemente, Manel optó por Jaume. En esta decisión influyó bastante la opinión de los representantes; las peluqueras solían hablar muy bien del jovencito, que no llevaba traje de la empresa, cómo era costumbre en los otros repartidores. 
   Obviamente el almacén de la fábrica era mucho más grande, por lo que pusieron a dos chicos para ayudar a las dos maduritas. David y Enrric fueron los  elegidos, además de vivir en Manresa, el primero era hermano del jefe, aunque no tenía ningún privilegio por ello. Teníamos muy buen rollo, ya que los tres tocábamos en un grupo de Rock. Tenían una banda en la  que David era el guitarrista y Enrric se encargaba de la batería. 
He de reconocer que cuando les pedía ayuda para cargar los pedidos que tenía que repartir, dejaban lo que estuvieran haciendo, para echarme una mano. De hecho gracias a su ayuda, yo podía pasar cuentas, mientras ellos colocaban los paquetes en la furgoneta, como previamente les había indicado.
Yes que me gustaba salir pronto, y estar en la peluquería que me cayera más lejos ,,,,,, a las 9 h. que era a la hora que abrían. 


  Los lunes no salía de reparto, aprovechaba para hacer algunos transportes que necesitaban los laboratorios, ayudar en el almacén, y hacer un poco de vida social con las muchas compañeras que allí trabajaban. A la hora de salir cargaba los pedidos de las peluquerías que abrían los lunes, y bajaba a Divina para Barcelona. 


   En esta nueva etapa seguía teniendo mi ruta , los mismos días laborables, pero  el doble de reparto , pues ahora  también tendría Barcelona. Me compraron una furgoneta todavía más grande, la Mercedes Sprínter, además  les cobraba recibos, a las que no pagaban al contado, y de esas habían unas cuantas en Barcelona capital.   
   

CAPÍTULO XXIV

XXIV 





    Juan era el repartidor de Barcelona, aunque era unos cuantos años mayor que yo, también fumaba canutos y escuchaba Rock Duro. Seguramente esas fueron dos de las principales razones para que nuestra relación, fuera más que  la de compañeros de trabajo. Además vivía en el Fondo, barrio de Santa Coloma, muy cerca de mi casa. Algunas veces me pasaba por el bar donde siempre estaba metido ;alrededor de una mesa, unos cuantos tipos, con pinta de pertenecer a la Mafia calabresa, entre  los que se encontraba Juan. Unos whiskys, un montón de billetes , un cenicero lleno de colillas humeantes, y una baraja de Póker, era el paisaje típico que se  veía normalmente allí.


  Para los que trabajan los días de diario, y sólo libran los fines de semana , las peluquerías están abiertas también los sábados, por lo que los lunes tienen cerrado, lo que hacía que Juan y yo, nos quedáramos en el almacén, ayudando a Divina. Logicamente en la fábrica lo sabían, y aprovechaban para enviar el camióm con los productos que eran necesarios para preparar los pedidos que traían los comerciales. Por cierto, uno de aquellos días, aprovechamos para ir a ver furgonetas a un concesionario, la que tenían para el reparto de los pueblos, estaba un poco vieja; la elegida fue una Mercedes Benz 1000.


   Estuve bastantes lunes comiendo con Conchi , su trabajo estaba relativamente cerca del mío, pero algún tiempo después Vero entró a trabajar en una peluquería de Barcelona, y evidentemente, también algunos días comía con ella. Pero por esas casualidades de la vida, que tanto han marcado la mía , quien estaba realmente cerca, ya que vivía en Ronda Guinardó, era Noemi, con la que salí varias noches. 


      Cada tarde cuando llegaba de repartir, subía a las oficinas para pasar cuentas, y de paso saludar a las chicas, es cierto que con Silvia era diferente,
los dos nos sentíamos mutuamente atraídos, y teníamos una complicidad especial , pero ello no impedía mi más que buen rollo con las demás. Pero no fue con ellas con quien fui a la Feria de la cerveza, evidentemente fue con Silvia. Cuando acabábamos de trabajar, me metía en el bar de enfrente a tomarme una birra, pasó ella, y sin decirle nada a Juan, le propuse que fuéramos a la Feria de la cerveza. Mi compañero de curro no se molestó, ya sabía el más que buen rollo que había entre nosotros, esto tampoco era un secreto para Divina. En la primera cena de empresa a la que fui, dejé el coche aparcado en San Adrián , y fui con Juan . Divina no tenía coche, y Silvia fue a buscarla. Al finalizar todo, ésta  propició un cambio de papeles, haciendo que Juan acompañara a Divina, y ella vino conmigo. En otra llevé a varios representantes al Satanasa, garito gay que en esos momentos era uno de los más concurridos de Barcelona. Uno de los que vino fue Luna, comercial del Maresme, y con el que mejor me llevaba, no obstante los dos compartíamos una característica; éramos los  golferas de Eva, bueno él un poco más, ya que era algo mayor que yo. También gracias auna de aquellas cenas, conocí a las chicas que trabajaban en la fábrica de Manresa. En el restaurante se hizo más que evidente, el buen rollo que se había creado entre ellas y yo. Al acabar la cena , se vinieron conmigo a un bar musical de Pueblo Nuevo, el Merlín. Con una de ellas hice más amistad que con las demás … 
Precisamente allí fue, donde algún tiempo después , Francina dejó entrever su sorprendente atracción por mí; nunca olvidaré lo que dijo al verme
- " és quelcom meravellós"  - .


   Francina vivía en la portería de al lado del bar, que estaba justo enfrente de las oficinas, donde pasaba cuentas cada tarde. Éstas tenían unos grandes ventanales, por los que algunas veces, veía a una preciosísima chica  algo pija, pero con algunos tintes hippies, de acuerdo con el barrio donde vivía. 


   Cuando salíamos del curro, Juan y yo nos tomábamos unas birras en susodicho bar. Un día pasó Francina dirección a su casa, fuera del bar habíamos unos cuantos tomando algo, justo cuando pasaba por delante, antes que ninguno soltara algo 
- no se os ocurra decir nada, es una señorita –le dediqué una bonita sonrisa, mientras le guiñaba el ojo con un claro signo de complicidad. Cuando nos encontramos en el Merlín, me confesó que aquello cambió por completo su percepción de mí. No le culpo, mi pinta y forma de hablar eran más bien de un tipo algo bacilón y prepotente, pero no era así,  bueno… Tal vez un poco. A partir de aquel día empezamos una bonita pero incompleta relación. Muy a mi pesar no podíamos tener nada demasiado serio, ya que por primera vez en mi vida, tenía novia formal, y lo cierto es que nos iba muy bien. Pero Francina me gustaba muchísimo, y elegí el bar de enfrente de Eva, para ir a comer los lunes, y de paso acompañarla al instituto. Esperábamos a salir del barrio propiamente dicho, para ir cogidos de la mano cual pareja de novios normal. Empezamos a quedar también alguna tarde,  Pero cometimos un gran fallo, nuestros sentimientos cada vez eran más fuertes, y corríamos el riesgo de enamorarnos . La situación era harto complicada, pues sinceramente creo que , aunque lo obviábamos, ya estábamos enamorados. Pero entonces Manel , jefe de Eva Española, sin  proponérselo, consiguió que Francina y yo nos viéramos mucho menos .                  

CAPÍTULO XXIII

XXIII


   Subía por Alegre de Dalt, dirección Sant Lluis, que era la calle donde se encontraban las oficinas de Eva Española, era la empresa en la que tenía concertada la entrevista. Iba mirando los distintos comercios , pues en aquella calle tenía que estar el almacén-tiendda de mi futuro probable trabajo. 

Una madurita me observaba riendo, y cuando llegué a su altura, observé que el rótulo de encima ponía:
Eva Española.

-  tú debes ser Jaume, el chico que viene a la entrevista de trabajo-asentí con la cabeza

-la agencia envió la carta que les mandastes, a sr. Rosell, al jefe, le debió gustar mucho, pues nos la leyó a todos.
 A la izquierda del mostrador estaba la entrada a un gran almacén, al final de éste, una puerta iba a dar a los lavabos, y después un corto pasillo que acababa en una pequeña recepción, era la entrada principal, que daba a la calle Sant Lluis. Unas escaleras conducían al primer piso, donde se encontraban las oficinas. En el segundo piso había cómo una especie de laboratorio, y una pequeña peluquería, donde se hacían demostraciones con los nuevos productos que Eva sacaba al Mercado 

-  El despacho de Manel Rosel estaba ubicado al principio de una gran sala de oficinas, en las que había un gran núnero de chicas, que ya sabían de la llegada del nuevo repartidor, autor de un muy original currículum. 

- La secretaria del jefe me llamó al despacho . Manel tenía en la mesa mi currículum, el cual analizó conmigo. El repartidor de Tarragona, Gerona, y la provincia de Barcelona, era algo mayor , y prefería trabajar en la fábrica que Eva tenía en  una urbanización de Guardiola de Berguedá , pueblo muy cercano a Manrresa. Allí se fabricaban y envasaban los productos. Carmen , secretaria de Manel, empezó a redactar una lista , con todo lo necesario, para hacerle el contrato al , probablemente, mejor repartidor del mundo de las peluquerías.           

CAPÍTULO XXII

XXII





   Había decidido cobrar todo el tiempo que me correspondiese de paro, y vaya si lo hice, pero llegó el triste momento de la finalización el periodo de la prestación de desempleo.  
                                                 

Me encontraba en una mesa del Anastasi tomándome una birra, echándole un vistazo al periódico. Nunca había mirado la sección “la bolsa de trabajo”, pero esta vez sí  lo hice, debía estar muy aburrido, pues nunca confié en la posibilidad de encontrar curro de esta forma. Y es que una de aquellas demandas de trabajo , llamó poderosamente mi atención: ”se necesita repartidor para una importante empresa de productos de peluquería”; estaba más que claro, que una intervención divina había propiciado que yo , que nunca leía esa sección, aquella vez sí la mirara, y así se lo hice saber, en una larga carta, que junto con mi currículum, mandé al remite de aquella demanda laboral, y que empezaba con un muy literario; “Oh Dios mío” 


   Llamé a Conchi, mi primera novieta del instituto , para preguntarle si me podía acompañar a la entrevista de trabajo. Y es que seguíamos manteniendo una bonita y muy especial amistad , desde los tiempos del Eugeni d’Ors. Hacía pocos días habíamos quedado en su trabajo, para luego ir a tomar algo a un bar musical. En la partte de arriba tenían un billar privado, y cómo Conchi era amiga del dueño, subimos a jugar una partida y a meternos unas rayas de coca, a las que nos había invitado su amigo. Irremisiblemente acabamos cómo siempre , besándonos furiosamente.


   Conchi no tuvo ningún problema para acompañarme a la agencia de trabajo. Una muy simpática secretaria nos explicó cómo iba a ser la prueba. Constaba de un psicotécnico, y de unas preguntas de cultura general . Después serían corregidos, y optarían  por los d  más alta puntuación. Al día siguiente llamarían al elegido , y quedarían para, ahora sí, hacer una entrevista . 


-  mejor que no me esperes, no sé cuanto tardaré 


- cómo tú quieras -me dio un beso en los labios y se fue.                                                 
   Había bastante gente, la mayoría muy bien vestiditos. Fui de los últimos en acabar , pero a diferencia de los demás, una chica cogió mi prueba, me dijo que todavía no me fuera , y la llevó a una oficina. Ya se habían largado todos, salió de nuevo   y me preguntó que si quería hacer la entrevista aquel mismo día, o prefería venir cuando me llamaran por teléfono
-  no tengo nada mejor que hacer, esperaré aquí 
-no lo digas, pero ha influido mucho tu currículum, y más la manera de escribirlo; Yo ya tengo que irme, ¡suerte!  


   Era virgen en aquellas lides  por lo que estaba un poco nervioso, seguramente debido al subidón de adrenalina, que me producía haber barrido a los demás, según la simpática secretaria . Al poco rato salió una chica, y me hizo pasar a la oficina. Más que laboral, lo que hice, fue una entrevista personal. Evidentemente querían saber cómo era la persona que iban a recomendar, a la empresa que había contratado sus servicios. Por fin me dijeron el nombre y la localizació. No estaba demasiado lejos de allí; en Joanic, muy cerca de uno de los barrios más conocidos de Barcelona: Gracia. Más concretamente en las calles Sant Lluis con Alegre de Dalt. Las oficinas estaban en la primera, y en esta última, había una tienda que comunicaba con un gran almacén.                                    

CAPÍTULO XXI

XXI





Ya la había visto otras veces, pero siempre desde el coche de Ramón. 
Aquel  día me la encontré caminando. Se trataba de una morenaza  con una increíble mini-falda tejana
-siempre me han gustado las mini-faldas , pero no me quedan bien, ¡que rabia! 
-jajaja, es que eres muy delgado 

Yo iba al Ski, me apoyé en la pared de al lado del Copacabana, mirando hacia donde se dirigía Esther, ese era el nombre de la chica, gracias a la que  nos conoceríamos Barbi y yo. Pasó por delante del Ayuntamiento, giró la primera calle a la derecha, donde estaba la comisaría, cruzó la carretera, para meterse en el Anastasi, bar visitado por numerosos adolescentes. Años antes había estado concurrido por una peña que se pasó con la droga.Sin decir nada a nadie, salí del Ski, y fui a tomar algo al tal Anastasi. Pedí una birra en la barra, y me giré para ver si estaba Esther. Al verme vino hacia mí a darme dos besos, y a decirme que me sentara en la mesa donde estaba con un montón de gente, la mayoría de los cuales me cayeron bastante bien, por lo que a partir de entonces, fui varias veces, y al final me pasaba mucho más por allí, que por el Ski .

  Los primeros que conocí fueron Barbi, Canta y Oscar. 
- tú debes ser el famoso Barbi

-y tú … Jaime 

 Barbi salía con MªJose, que era muy amiga de Sonia y Rosalía, lo que aproveché para liarme con esta última, aunque quien realmente me gustaba era Sonia. Mi relación con Rosalía creó una pequeña desavenencia entre Canta y yo, pues él había estado con ella, y por lo visto todavía le gustaba, cosa que no me había comentado. Esta situación no duró demasiado, y para limar asperezas quedamos con dos de las chicas con los pechos más grandes del Anastasi; Mayka y Roser. Con esta última terminé teniendo tema. Su cara me recordaba mucho a Ana Laura, aquella chica de Elda con la que tuve una historieta. En resumidas cuentas, la amistad entre Canta y yo, aumentó considerablemente, hasta el punto de ir siempre juntos.
- Por aquel tiempo Sant Adrià estaba dividido por las que preferían a Barbi, y las que optaban por mí. No voy de nada, es rigurosamente cierto. Aunque yo me lo tenía que currar mucho más, Barbi era realmente guapo. No quiero pecar de falsa modestia, yo era más bien atractivillo, pero mi principal arma era una increíble verborrea.
Con  Canta, Barbi y Oscar, solía hablar de música.
Al primero le gustaba mucho Bon Jovi, a Canta, los Kiss; aunque tuvo una temporada que se puso un poco pesadito con Stripper, sobre todo al principio de conocernos. 

Mis preferidos eran los Whitesnake, bueno más bien David Coverdale. Pero primordialmente   nos gustaba el mismo estilo, además los cuatro éramos del Barça.



-   Ya hacía algún tiempo que Sonia y yo, nos sentíamos fuertemente atraídos, por lo que salíamos muy a menudo con Barbi y Mª José. Aunque nosotros no éramos pareja, nos comportábamos cómo tal. Cuando estuvo trabajando en una papelería, fui a buscarla varias veces, ella también había ido a Exclusivas Vip, para ir juntos hasta San Adrián. Incluso varias veces la acompañaba a pasear al perro. Pero lo que no teníamos, era ningún tipo de relaciones sexuales. MªJosé tenía la certeza que la frenaba  las muchas chicas con las que yo había estado, no quería ser una más, y se proponía  ponérmelo realmente difícil. Yo tenía otra teoría; no le conocía ningún rollete, por lo que su inexperiencia era más que evidente. 
   Además era algo mayor que ella, y arrastraba una muy justificada fama de estar con muchas chicas a la vez , pero desde que la conocí, había dejado aparcada a un lado esta ancestral práctica. Ya estaba un poco cansado de ésta tontería de Sonia, por lo que pensé que un cambio de aires no  vendría nada mal. Lo que antaño había sido el Horóscopo, ahora se llamaba Cambio Radical, y el nombre no era lo único que cambiaron; la fisonomía, el enfoque, el estilo, y sobretodo la clientela, que era más joven, de acuerdo con los tiempos que corrían. San Adrián había crecido mucho, y era concurrido por mucha gente de diversos barrios de Badalona, sin ir más lejos, yo mismo era uno de ellos. Estábamos en la parte de dentro, fui hacia la barra a pedir una cerveza, en aquel momento entraba Mª del Mar, una chica que formaba parte de un grupito de adolescentes del Arriba y Abajo, en la época que  iba con Conchi. Y la verdad es que entre nosotros no existía una gran relación, aunque tanto ella cómo yo, éramos de verbo fácil, pero cada uno iba a su rollo. Nos dimos un gran abrazo, quizás excesivo para la amistad que habíamos tenido. Ya no volví con la gente que estaba adentro, y nos sentamos en una mesa cerca de la entrada, hablando y hablando de cuando íbamos al Arriba y Abajo. A partir de entonces, quedamos varias veces, y al final acabamos liándonos. Pocos días después Canta me comentó que Sonia le había dicho que le dolía mucho vernos juntos; ¡Tócate los huevos! Cómo no me gustaba esta situación, algunas veces íbamos a casa de Mª del Mar, por la tarde no estaban sus padres. De esta manera evitaba el “sufrimiento” de Sonia, aunque en teoría, yo no sabía nada, pues ella jamás me comentó el asunto. 

No sé cuando, donde, cómo, ni porqué Sonia y Conchi empezaron la amistad que les llevó a ser íntimas , yendo siempre juntas. Por extraño que pudiera parecer muy amenudo quedábamos los tres, incluso habían venido a repartir conmigo, ellas dos sentadas en el asiento que estaba a mi lado, era cuando trabajaba en Exclusivas Vip, la furgoneta era una Seat Terra, con dos únicas plazas delanteras, pero las dos eran pequeñitas, y no tenían mucha dificultad cuando una tenía que esconderse si pasaba la Urbana. Realmente formábamos un trío, cuanto menos curioso.  


CAPÍTULO XX

 XX


   Yo vivía en La Salud, barrio un poco conflictivo de la periferia de Badalona. Pero la mayoría de mis amigos estaban en San Adrián, y aunque todavía no tenía coche, iba bastante a menudo por allí. Solíamos sentarnos en el tranquillo del Banco de Sabadell, que compartíamos con los choros de San Adrián; sin problemas, eran coleguillas. Por allí se movía bastante gente que estudiaba en el Eugeni d’Ors. Marta tenía mucha amistad con Pilou y Ramón, ya que eran muy buenos chicos, todo lo contrario que el golfo de Jaumetas … 
¡Pero mira tú por dónde!, Acabé saliendo con su hermana. Fue ella precisamente quien me la presentó; Lali se trataba de una rubia y muy apetecible heavytota. Era la primera chica de San Adrián con la que salía. la segunda fue Montse, con la que estuve un poquito antes de finiquitar del todo con Lali. En la misma acera, un poco más a la derecha, se encontraba el Ski, bar donde íbamos muy a menudo. Allí precisamente conocí a Lidia, amiga de Montse, con la que acabé saliendo. Un día trajo a una prima; desde la primera vez que nos vimos, ya nos caímos muy bien, y desde entonces venía cada día. Recuerdo que tenía unos pechos increíbles,y era más bien tímida. Acabé dejando a su prima y enrollándome con ella, pero sin apenas compromiso, aunque quería formalizar nuestra relación, yo no estaba por la labor, y acabamos dejándolo.

El Ski era un poco pijo, no obstante estaba al lado del Copacabana, única discoteca de San Adrián . Viernes, sábado y domingo se llenaba de pijas, que antes de entrar y después de salir, se tomaban algo en el Ski. Nosotros no solíamos ir al Copa, pero alguna noche, empujados por el afán de ver a tías buenas moviendo sus cuerpos, nos habíamos dejado caer por allí. Eran muchas las veces que no nos dejaban entrar. La verdad … Nuestro estilo no encajaba demasiado con la clase de gente que va a discotecas, por no hablar de la forma de vestir. Pero de vez en cuando, encontrábamos algún portero-persona, y no el típico amargado que suele trabajar de machaca, porque no sabe hacer nada más . Una de aquellas noches conocí a Mariana , una guapísima morena que bailaba muy sensualmente, pero de una forma muy natural. Estuvimos saliendo varios meses, siempre íbamos solos, sin ninguna pareja más. 


   En el Ski,  junto con Marco, conocimos a Conchi y Ana. Después de quedar varias veces fuera de San Adrián, acabé manteniendo una larga relación con Conchi. Fue la primera de una larga lista de “lolitas", con las que tuve una historieta.