miércoles, 30 de abril de 2014

CAPÍTULO V


     Marco y yo íbamos muchos fines de semana a Barcelona Centro, más concretamente al Raval, fue allí  donde me pusieron mi primera multa. Entonces, todavía no tenía coche. Pero esta circunstancia no impidió que la Guardia urbana realizara su “impagable trabajo”. El texto que esgrimía susodicha multa, era el siguiente:”Efectuar necesidades fisiológicas en medio de la vía pública.  Efectivamente, me pillaron meando en una pared. Era cuando aún no salíamos con Asunta y Conchi, nuestros primeros verdaderos amores. Nos costó mucho conseguir que fueran nuestras parejas, ya que las dos tenían novio , cosa no extraña, puesto que eran dos de las chicas más bonitas del instituto. Pero la providencia quiso que nos tocara en la misma clase. Cómo ya he dicho no fue nada fácil  que salieran con nosotros. Pero urdimos muchas y muy buenas estrategias con el fin de conseguir que al menos supiesen que existíamos, pero lo hicimos tan bien, que al final acabaron enamoradas de dos tipos con un físico normal, bueno teníamos un buen cuerpo y un atractivo especial. Fueron dos muy bonitas historias de amor, de hecho Conchi fue la primera chica con la que salí en serio. Antes y durante gran parte de nuestra relación, estuve locamente enamorado de ella, no obstante ha sido la más bonita e inteligente de las chicas con las que he salido.   
Fue ella la que me acompañó a hacer la prueba que a la postre me hizo conseguir el trabajo de transportista de Eva Española. Ya no salíamos juntos, pero a veces seguíamos quedando. Pero tengo una espina clavada en lo más hondo de mi corazón; se llamaba Íngrid, veraneaba en una urbanización  cercana a donde lo hacía yo. Tenía novio, se notaba que tanto él cómo ella poseían un poder adquisitivo bastante holgado. Yo en cambio por aquella época jugaba en un equipo de fútbol que le habíamos puesto de nombre Los Destrossaos. Vestíamos de una forma un poco ...Pantalones con una raja en el culo, luciendo gayumbos, un par de cortes a la altura de las rodillas, un pañuelo en el cuello y otro cómo cinturón, camiseta sin mangas y llena de cortes hechos por nosotros, pulseras y brazaletes de todo tipo, varias cadenitas en el cuello y unas  John Smith   (blancas, azules, negras, rojas, verdes ) . Ahora que caigo, no me extraña en absoluto que no le cayera bien al novio de Íngrid y a su grupo de amigos pijoteras; ella también lo era un poco, pero es que a mí me dan  mucho morbo las pijas. Por aquella época nos dio por coger el coche e ir a ver las muchas urbanizaciones, que habían por los alrededores. Un día nos pasamos a la de más"  alto standing". Estaba llena de grandiosas torres  , diseñadas con muy buen gusto, aunque algunas tenían demasiada ornamentación; horteras los hay en cualquier parte y de diferente clase social . Después de dar varias vueltas por Cabanyes, era así cómo se llamaba la urbanización, que por cierto estaba ubicada en un privilegiado lugar cómo era "La Font del Bosc". Ya estábamos un poco cansados de tantas bonitas torres , por lo que decidimos encaminarnos al bar de Cabanyes; era bastante grande, no se podía esperar otra cosa de un bar que era para el disfrute de multitud de "oseas”. Quique y yo nos sentamos en una mesa de la terraza , acerqué la silla de enfrente con el propósito de apoyar mis pies enfundados en unas John  Smith blancas, puse ambas manos detrás de mi cabeza dejando el cigarrillo aguantado por mis labios                                                                                           -¡un par de birras! -en el mismo momento que vino el camarero, entraban por la puerta dos lindísimas chicas, eso sí pijas pijas, pero con un puntito hippi que me volvía loco. Le di un codazo a Quique señalándole con la mirada hacia la puerta y dando un fuerte resoplido me puse la mano en el corazón. Se pusieron enfrente nuestro, una era una morenaza de escándalo y la otra una rubia de largos tirabuzones   -a  mí me gusta la morena- –dijo Quique  
                 
-pues estamos de suerte, porque yo estoy loco por la rubia, eso que a mí me gustan mucho más las morenas, ahora vengo. Fui hacia allí soplándome los rizos que caían sobre mis ojos. una vez delante de la mesa donde se encontraban aquel par de jabatas , empecé la ardua tarea de intentar que aquella chica que tanto me gustaba, no me olvidara en toda su vida  
-Hola, perdona- –dije dirigiéndome a la preciosa rubia de largos tirabuzones, dejó en la mesa la Coca-Cola que se estaba tomando , me miró con sus lindos ojos color caramelo                                  -¡Ah eres tú! No sé porque me hago la sorprendida, estaba segura que vendrías - acerqué una silla, me senté enfrente de ella, nuestras rodillas quedaron rozándose casi imperceptiblemente ,pero nosotros nos dábamos cuenta de esta circunstancia  y  aprovechábamos  el más mínimo movimiento para que nuestros  cuerpos tuvieran al menos este ínfimo contacto . Hacía ya bastante rato, que para nosotros, había desaparecido el resto de la gente. Cogiéndole con una mano la barbilla, mientras con la otra hacía mi característico gesto de apartarme el pelo de la cara  
-necesito  saber tu nombre, lo necesito cómo  el aire que respiro, cómo el agua que mitiga mi sed ,cómo el alimento que sacia mi hambre; en resumidas cuentas, si no me lo dices provocarás una muerte, de acuerdo que sin mala intención ,pero eso cuéntaselo al detective  que se encargue de investigar el fallecimiento de un joven, que irradiaba felicidad por todos los poros de su piel, y que además era poseedor de una muy buena salud, tanto a nivel físico cómo  mental. Tú misma ,dejo la decisión en tus, por otra parte, bonitas manos- yo  seguía hablando y hablando, mientras, ella me miraba fijamente y en su bonito rostro se dibujaba una, no menos ,linda sonrisa. Yo ,por mi parte, seguí contando la inverosímil, pero original  trama de mi supuesta muerte                                       ---Agosto es un mal mes para morir, hace demasiado calor. Yo siempre he soñado morir a finales de Enero en la celebración de mi cumpleaños                                                                               - ahora me doy cuenta que no era nada exagerado lo que me contaban acerca del famoso Jaime de Can Verdaguer                                                                          -seguro que nada bueno -dije riendo -–pero al menos ha servido para que me reconozcas , y te acuerdes de mi nombre                                                        -las chicas me han hablado muy bien de ti ,en cambio los tíos no tanto, dicen que si alguna vez hablas conmigo, no me crea nada de lo que me digas                                                                               
-eso se llama envidia cochina, malditos hijos de perra;                        
 -no me importa en absoluto lo que dicen de ti ,yo sé porqué lo hacen , son patéticos. Ahora lo que de verdad me interesa , y mucho, es la razón por la cual estás tan sumamente interesado por saber mi nombre. No pretendo ir de algo, pero son muchos los tíos que me lo preguntan, mas reconozco que tu originalidad los supera de calle. Te voy a proponer que hagamos …
-Al oír aquello, me froté las manos con un claro signo de ironía, a la vez que ella sonreía dulcemente- un “cuit procuo”; tú me cuentas cual es la importante razón por la que necesitas saber mi nombre, y sólo entonces, yo te lo digo -me tendió la mano para chocarla con el fin de sellar nuestro pacto; se la cogí y le di la vuelta dándole un cálido beso -está bien empezaré yo- dije a la vez que me tiraba el pelo para atrás con las dos manos                                   
-pues resulta que estaba aquí sentado tomándome o  una fría jarra de cerveza, de pronto han entrado dos chicas, y desde el mismo instante que te he visto no he podido dejar de mirarte, ¿ supongo que te habrás dado cuenta? -ella asintió mientras una tímida sonrisa asomaba de sus apetecibles  labios -me he dado cuenta que lo que sentía al mirarte   no lo había experimentado nunca . Y he decidido que debía  hacer una cosa que tampoco he hecho en mi vida, tallar nuestras iniciales en un árbol. Tranquila que no las rodearé  con un corazón, mi cupo de horteradas ya se encuentra repleto con lo de la talla         
                                                -  me llamo Íngrid , debo  comunicarte algo -en  aquel momento Irene ,era así cómo se llamaba la amiga que estaba en la mesa, le apretó el brazo y le señaló con la cabeza la puerta del bar afuera, en la calle habían dos  pijoteras hablando          - ¡ah!¿ era eso lo que me ibas a contar? Debí suponer que una chica cómo tú tendría novio. Mejor me largo, pero quiero que sepas que cuando digo perdona, lo que en realidad quiero decir es que estoy loco por ti. Me fui justo cuando venían los novios. Ella me miró con cara de no haber entendido lo último que le había dicho. Me dirigí hacia la mesa donde estaba Quique, me bebí lo que me quedaba en la jarra  de un trago. al  pasar por al lado de la mesa donde se encontraban Íngrid, Irene y los dos carcamales, tropecé con la silla en la que estaba ella -perdona- le guiñé el ojo, di un soplido a mi rebelde flequillo, me apreté el pañuelo que me colgaba del pantalón, y me largué de allí. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario